miércoles, 10 de mayo de 2017

HOY TE DIGO SEÑOR JESÚS......


CAMBIASTE MI LUTO EN DANZAS ( Salmo 29)

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles;den gracias a su santo Nombre,porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.
Yo pensaba muy confiado:"Nada me hará vacilar".
Pero eras tú, Señor, con tu gracia, el que me afirmaba sobre fuertes montañas, y apenas ocultaste tu rostro,quedé conturbado. Entonces te invoqué, Señor, e imploré tu bondad: "¿Qué se ganará con mi muerte o con que yo baje al sepulcro?
¿Acaso el polvo te alabará o proclamará tu fidelidad?
Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor". Tú convertiste mi lamento en júbilo,
me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,
para que mi corazón te cante sin cesar.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!



martes, 9 de mayo de 2017

HOY TE DIGO SEÑOR JESÙS.....


"YO SOY RICO"

Hace mucho tiempo un rey ordeno que al morir lo enterraran con todas sus riquezas, para poder disfrutarlas a donde quiera que fuera después de la muerte.

Para sorpresa de sus súbditos, años después abrieron su sepulcro y todos se sorprendieron al encontrar todas las pertenencias del rey en el mismo lugar. El rey no pudo llevarse nada de este mundo.

"Desnudos nacemos y así mismo moriremos". (Job 1:21) Entonces, ¿Por que afanarnos tanto por conseguir tantas cosas que se quedaran aquí al momento de irnos?

Estamos tan ocupados trabajando en lograr nuestros éxitos que ni siquiera tenemos tiempo de disfrutar el corto tiempo de la vida. Nos aferramos a las cosas materiales, olvidando las cosas que realmente importan.  

Hay quienes viven tan ocupados en lograr lo que quieren que no tienen tiempo para sus hijos, parejas, familiares, amigos, ni siquiera tiempo para saludar al vecino.

Ayuda al que necesite de ti, comparte con los que menos tienen. Hay mas de mil formas creativas para hacerlo y luegares que necesitan de Ti.

Di por favor, da las gracias, sede el asiento, sede tu turno en la fila, cuando alguien te grite sonríe, una sonrisa saca otra sonrisa, habla menos y escucha mas. Yo soy rico,  no por lo que he alcanzado o conseguido en esta vida, sino por lo que dejare en ella después de marcharme. 

Nada te puedes llevar de este mundo pero si hay muchas cosas que puedes dejar mas importantes que el dinero. "A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar". (Proverbios 19:17)

¡Que tengas un día bendecido!

lunes, 8 de mayo de 2017

HOY TE DIGO SEÑOR JESÙS.......


¿POR QUÉ ANTES DE LA COMUNIÓN SE DICE “NO SOY DIGNO…”?


1¿Por qué en la Misa, antes de acercarnos a la Eucaristía, decimos: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una sola palabra tuya bastará para sanarme”? (F.B.)
Responde Roberto Gulino, profesor de Liturgia en la Facultad teológica de Italia Central.
La fórmula citada por nuestro amigo lector forma parte de los ritos de comunión de la celebración eucarística y constituye la preparación última antes de recibir sacramentalmente el cuerpo y la sangre de Cristo en la Misa.
El contexto está claro para todos: inmediatamente después de la plegaria eucarística, con la presencia de Jesús en el altar, nos dirigimos juntos a Dios llamándolo Padre; después recibimos y nos intercambiamos el don de la paz, primer don del Resucitado; después tiene lugar la fracción del pan eucarístico, acompañada del canto del Cordero de Dios; finalmente llegamos a las palabras, recitadas antes sólo por el sacerdote y después junto con los fieles, mientras se eleva la hostia consagrada partida:
“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor. – Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una sola palabra tuya bastará para sanarme”.
El Ordenamiento General del Misal Romano, hablando de los ritos de comunión, en el número 84 indica el sentido preciso de estas palabras: “…el sacerdote muestra a los fieles el pan eucarístico… les invita al banquete de Cristo… junto con ellos expresa sentimientos de humildad, sirviéndose de las palabras evangélicas prescritas”.
La Iglesia ha elegido, como último momento en preparación al recibimiento de la eucaristía, de retomar las palabras del centurión romano de Cafarnaúm, cuando pidió a Jesús que curara a su siervo fiel, por desgracia paralizado y sufriendo mucho: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero dí solo una palabra y mi siervo se curará” (Mt 8,8).
La actitud de extrema humildad y de profunda confianza que caracterizó la petición de este oficial pagano al requerir la intervención salvadora de Cristo en su casa – una verdadera y auténtica profesión de fe – quiere y debe ser la actitud de todos nosotros, sacerdotes y fieles (¡estas palabras tienen que decirlas juntos!) en el momento en el que estamos a punto de recibir al Señor en nuestro corazón. Por supuesto, ninguno de nosotros es “digno” de Jesús, de su presencia y de su amor, pero sabemos en la fe que basta sólo un signo, una palabra, una mirada y Él puede salvarnos.
Fórmulas parecidas, inmediatamente antes de la comunión, aparecen ya desde el siglo X; gradualmente se afirma, desde el siglo XI en adelante – aunque con diversas variantes – la oración del centurión romano, a menudo recitada tres veces. Después de la reforma litúrgica, el Misal de Pablo VI de 1970 ha conservado estas palabras, pero pronunciándolas una sola vez y omitiendo la percusión del pecho y el signo de la cruz con la hostia, gestos usados desde el siglo XV.
Aún hoy, después de tantísimo tiempo, todos nosotros nos confiamos a las palabras evangélicas de este hombre para renovar nuestra actitud de humildad y de confianza, esperando poder obtener, como él, el milagro de la salvación.