jueves, 6 de octubre de 2016

QUE GRANDE ES MI DIOS ( Salmo 70 )


¡Líbrame, Dios mío!
¡Señor, ven pronto a socorrerme!
Que se avergüencen y sean humillados
los que quieren acabar con mi vida.
Que retrocedan confundidos
los que desean mi ruina;
que vuelvan la espalda avergonzados
los que se ríen de mí.
Que se alegren y se regocijen en ti
todos los que te buscan;
y digan siempre los que desean tu victoria:
"¡Qué grande es nuestro Dios!"
Yo soy pobre y miserable:
ven pronto, Dios mío;
tú eres mi ayuda y mi libertador,
¡no tardes, Señor!

miércoles, 5 de octubre de 2016

UN ERROR EN EL CIELO (Reflexiones)


Una vez, le pregunté a mi Director Espiritual:
- ¿Por qué existen personas que salen fácilmente de los problemas más complejos, mientras que otras sufren por problemas muy pequeños, muriendo ahogadas en un vaso de agua?

Él simplemente sonrió y me contó la siguiente historia…

Una persona vivió amorosamente toda su vida. Cuando murió, todo el mundo dijo que se iría al cielo. Un hombre bondadoso como él solamente podría ir al Paraíso. 

El Ángel encargado de las admisiones que lo recibió en el Cielo comprobó las fichas que tenía sobre el mostrador y como no vio el nombre de él en la lista, le orientó para ir al Infierno.

- Mire, lamento decirle que no ha sido admitido en el Cielo, por lo que tendrá que ir al Infierno. Ya sabe cómo es: Nadie exige credencial o invitación, cualquiera que llega es invitado a entrar. 

El sujeto, muy resignado, se dirigió extrañado hacia el Infierno y una vez allí, comenzó a ambientarse.

Algunos días después, Lucifer llegó furioso a las puertas del Paraíso para pedirle explicaciones a San Pedro.

- ¡Esto es sabotaje! Nunca imaginé que fuese capaz de una bajeza semejante. ¡Eso que usted está haciendo es puro sabotaje!

Sin saber el motivo de tanta furia, San Pedro preguntó sorprendido que cuál era el problema. 

Lucifer, trastornado gritó:
- Usted mandó a ese sujeto al Infierno y él está haciendo un verdadero desastre allí. Él llegó escuchando a las personas, mirándolas a los ojos, conversando con ellas. Ahora, está todo el mundo dialogando, abrazándose, besándose. ¡El Infierno está insoportable, parece el Paraíso!

Y entonces hizo un pedido.
- Pedro, por favor, ¡agarre a ese sujeto y tráigalo para acá!

Cuando mi Director Espiritual terminó de contarme esta historia, me miró cariñosamente y dijo:

- Vive con tanto amor en el corazón, que si por error fueses a parar al Infierno, el propio demonio te lleve de vuelta al Paraíso.

Los problemas forman parte de nuestra vida, pero no dejes que ellos te transformen en una persona amargada. La crisis siempre sucederá y a veces no tendrás opción de evitarla.

Tu vida está sensacional y de repente puedes descubrir que un ser querido está enfermo; que la política económica del país cambió, y que infinitas posibilidades de preocupación aparecen. En las crisis no puedes elegir, pero puedes elegir la manera de enfrentarlas.

Y al final, cuando los problemas queden resueltos, más que sentir orgullo por haber encontrado la solución, tendrás orgullo de ti mismo.



martes, 4 de octubre de 2016

LA FE NOS SALVA


La fe es un don y una tarea, nos da vida y nos mantiene con vida aquí y en la eternidad.

Somos lo que pensamos y lo que creemos. Según pensamos en positivo o negativo, vivimos en el cielo o en el infierno. Todo es posible para el que cree, pues si Dios está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros? Dios camina con nosotros y no tenemos que temer, sino apoyarnos en Él y saber que de derrota en derrota se ha logrado llegar a la victoria final (Churchill). Estamos en las manos de Dios.

 La fe es don y tarea, es misterio, exige compromiso. El cristiano tiene una gran tarea y una gran ocasión en la sociedad de la incredulidad funcional y de la incredulidad de los hombres ávidos de sentido: se trata de ser testigos de la profundidad en medio de la profanidad (J. M. Mardones).

La fe nos da la seguridad de que Dios camina con nosotros, de que para Él y con Él todo es posible, de que con su presencia tenemos todo: sol, luz, paz, bien, vida. Si falta Él, no tenemos nada. Lord Byron tiene estas significativas palabras: Cuando nos acercamos a casa, es dulce oír cómo ladra el perrito al sentir nuestra presencia, como si quisiera darnos la bienvenida. También nosotros marcharemos un día a la casa del Padre, y es consolador pensar que Cristo nos espera en ella con una dulce sonrisa. Sin fe, estamos perdidos.

La fe nos salva, nos mantiene vivos, nos da la vida aquí, y la eterna.

Por: P. Eusebio Gómez Navarro | Fuente: es.catholic.net 


lunes, 3 de octubre de 2016

(GRACIAS SEÑOR DE TODO CORAZON (SALMO 137)


Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, 
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.
El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.
            El Señor completará sus favores conmigo:
    Señor, tu misericordia es eterna,
    no abandones la obra de tus manos.
 
 

jueves, 29 de septiembre de 2016

PROHIBIDO QUEJARSE (Reflexiones)


Pensaba que mi vida no iba bien. Sentía que algo siempre me faltaba. Entonces hablé con Dios.

- Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí las manos que tengo para trabajar y el hecho de poder tener un trabajo que sustenta mi vida.

- Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, pero no agradecí el hecho de tener una familia.

- Me quejé cuando no tenía lo que más me gustaba para comer, pero olvidé agradecer el hecho de tener qué comer.

- Me quejé de mi salario, cuando millones ni siquiera tienen uno por estar desocupados.

- Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al salir, pero no pensé en que muchos no tienen hogar donde tener alguna luz encendida.

- Me quejé de no poder dormir un poquito más, olvidando a quienes darían todo por tener su cuerpo sano para poder levantarse.

- Me quejé porque mi madre me reprendía, cuando millones desearían tenerla viva para poder honrarla y abrazarla.

- Me quejé porque no tenía tiempo, cuando me solicitaron dar una charla sobre Jesucristo, olvidando el privilegio que es poder hablar a otros de Su infinito Amor.

- Me quejé porque mi tren llegó tarde. Olvidé que hay millones de personas que han tenido que abandonar su casa y sus pertenencias, por sufrir persecución religiosa o por huir de la guerra, que viajan en tren buscando refugiarse en países más prósperos.

Dios me iluminó en esa conversación y entonces comprendí mi egoísmo y lo ingrato que he sido con Él. Fue cuando entonces comencé a agradecerle todas las cosas que había olvidado, y aún más de aquellas por las que tanto me quejaba.

Recuerda este proverbio: "Pobre del que, al final del día, no sepa qué agradecer ni a Quien".

¡Que Dios bendiga tu día! Y ya sabes... ¡no te quejes!


miércoles, 28 de septiembre de 2016

12 ESTRATEGIAS PARA HUIR DE LA TENTACION



Ante la tentación… ¡Huye! 12 Estrategias para salir bien parado en esos momentos de lucha

Todos nosotros, los seres humanos, venimos con un dos softwares instalados en el corazón; uno dice así: «…pondré mi ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones: Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (Jeremías 31, 33b). Y otro que dice así: «Cada uno es tentado por sus propias concupiscencias (inclinación natural al pecado, deseo por aquello que satisface el cuerpo), que lo arrastra y seduce» (Santiago 1, 14).
Es decir, pareciera ser que venimos programados para hacer las cosas según la voluntad de Dios, que obviamente es lo mejor para nosotros, pero al mismo tiempo hay en nosotros un deseo y una fragilidad que nos hacen proclives a ser tentados. Es muy importante la diferenciación entre tentación y pecado. La tentación no es pecado. La tentación es anterior al pecado. El pecado es el consentimiento de la tentación. Todo pecado va precedido de una tentación, pero no toda tentación termina en pecado.
Aquí es donde nos queremos detener, pues las tentaciones son algo muy propio de los seres humanos y es buena idea tener algunas herramientas para dar la pelea, pues no es cosa fácil escapar y salir ileso. Y si quieres saber cómo es que actúa en nosotros, te invitamos a revisar este post para aclarar todas tus dudas.

Nos dice el libro de Eclesiástico comenzando el capítulo 2 que «si te acercas a servir al Señor» (otras traducciones dicen «si te dedicas a la vida espiritual»), prepárate para las tentaciones.
De San Antonio Abad se narra que en una visión contempló que para todo un barrio solamente había un demonio tratando de hacer pecar a la gente, mientras que para una persona espiritual estaban siete demonios atacándola. Y preguntado el por qué, le respondieron: «Es que entre mundanos se invitan a pecar los unos a los otros, en cambio para las personas espirituales sí se necesitan espíritus infernales para hacerlas pecar».

Siendo así la cosa, aquí te dejamos algunas ideas para que cuando venga la tentación, sigas de pie
:


1-Examina y pregúntate: ¿Será o no una tentación?

No siempre es fácil discernir qué cosa es una tentación qué no lo es.
Algunas veces nada parece tentación y todo pasa como un deseo natural muy bien aceptado. Muchas veces encontramos justificación espiritual en lo que sentimos y finalmente no tiene nada de espiritual. El otro extremo es ver todo como tentación. Cualquier cosa hace dudar y cuestionarse si viene de Dios o de la carne.

"La tentación, ¿de dónde viene?, ¿cómo actúa dentro de nosotros? El apóstol nos dice que no viene de Dios, sino de nuestras pasiones, de nuestras debilidades interiores, de las heridas que ha dejado en nosotros el pecado original: las tentaciones vienen de allí, de estas pasiones. Es curioso, la tentación tiene tres características: crece, contagia y se justifica" (Papa Francisco).

2-No dialogar con ella

Si te das cuenta que estás siendo tentando, no comiences la negociación, porque terminarás acomodando todo para que calce perfecto y cuando menos te des cuenta, en vez de conversación estarás metido hasta el cuello en un pecado. Con la tentación se lucha y se evita, no se conversa.

3-Mantente ocupado

Es sencillo, si te sobra tiempo es mucho más probable que la concupiscencia haga de las suyas en tu vida. Tenemos una inclinación natural a satisfacer nuestra carne, buscar el placer y hacer aquello que, sintiéndose como bien, no es para nada bueno. Mantente ocupado. En ese sentido, hacer apostolado es una excelente forma de usar tu tiempo y tus dones. Busca un apostolado.

4-Acude a tú mamá que es la realmente te cuida

La Virgen María es aquella que  nunca cayó en tentación y pisó la cabeza de la serpiente. No es un ángel ni un Dios, es un ser humano como nosotros, con fragilidades y tentaciones, pero supo como mantener una vida en la gracia de Dios y sobreponerse a todas las tentaciones. Mantente cerca de ella, su intercesión es una fuerte arma contra la tentación, pues somos sus hijos y quiere lo mejor para nosotros.

5-No dudes sobre quién eres realmente

Cuando Jesús fue tentado, el demonio quería hacerlo dudar sobre quién realmente era diciéndole: "Si realmente eres el Hijo de Dios"  has esto o aquello. ¿Cuántas veces te has cuestionado tu valor, tu carácter, tus capacidades y has querido demostrarte a ti mismo y a los demás que eres alguien haciendo algo que no debías hacer? Conócete a ti mismo y no dudes de eso.

6-Ten una vida de oración

"Velen y oren para que no caigan en tentación" (Mateo 26, 41).
Esas palabras de Jesús hacen eco en nuestros corazones cada vez que estamos sometidos a la tentación y la mayoría de las veces en que caemos en ella y cometemos un pecado nos podríamos preguntar ¿Velamos y nos mantuvimos en oración? Seguramente no lo hicimos, justamente por eso terminamos por el suelo. ¡Ánimo! a mantenernos atentos y orar.

7-Ten armas espirituales

Los sacramentos vendrían a ser algo así como armas nucleares al momento de enfrentarse a la tentación, sobre todo la Eucaristía y la Confesión. Si te pones ropa limpia, seguro querrás que dure en ese estado la mayor parte del día sobre todo si vas bien vestido y te ves muy bien. En cambio si sales de casa con lo primero que encontraste que no combina, que está sucio y huele feo, no te molestará ensuciarte aun más. Mantente limpio, pues así cuidarás mejor de ti y la gracia de Dios en los sacramentos te ayudará.

"Revístete de las armas de Dios par que puedas resistir las asechanzas del Diablo" (Efesios 6, 11).

8-Ejercita tus virtudes

El Catecismo (CEC 1805-09) nos enseña que existen cuatro virtudes cardinales y estaría fantástico que además de conocerlas y pedirlas a Dios, las ejercites a diario, pues mientras más fuertes estén estás virtudes en ti, menos sucumbirás ante la tentación:
  • Prudencia, ayuda a discernir el bien y elegir los medios para realizarlo.
  • Justicia, es la constante y firme voluntad de dar al prójimo y a Dios lo que es debido.
  • Fortaleza, asegura la firmeza y la constancia en el bien y ayuda a resistir las tentaciones y superar obstáculos.
  • Templanza, modera la atracción hacia los placeres y el dominio de la propia voluntad.

9-Entrena tu voluntad

Tu voluntad es como un músculo y debes entrenarlo. Si ya no te queda espacio ni para una miga de pan después del almuerzo, pero no eres capaz de decir "no gracias" cuando te ofrecen más comida, entonces estarás en problemas cuando la tentación no sea un plato extra, sino algo más grande.
Comienza por cosas pequeñas como el ayuno de algunas comidas y puedes seguir con cosas un poco más grandes como el "Minuto heroico".

10-Pide no caer en tentación

Jesús nos enseño que debemos pedir a Dios Padre que no nos deje caer en tentación y nos libre del mal.
Le pedimos a Dios que no nos deje tomar el camino que nos lleva al pecado.
"Ninguno, al ser tentado diga: Es Dios quien me está tentando; pues Dios no puede se tentado por el mal ni tampoco él tienta a nadie" (Santiago 1, 13).

Dios juega en nuestro equipo, nunca va a poner el pie para hacernos tropezar y caer, el quiere darnos la mano cuando estamos trastabillando y evitar la caída. Pide su ayuda.

11-Sé astuto, esquiva el riesgo

Seguro logras identificar algunas situaciones que te vuelven vulnerable a las tentaciones, es sencillo: ¡Evítalas! ¿Para que te vas a meter ahí si sabes que vas a salir mal parado? Es mejor estar siempre atento a lo que se viene y si te das cuenta que no te darán las fuerzas, no te expongas a tener que luchar contra la tentación, simplemente evítala.

12-Huye por tu vida

Si ya te diste cuenta que estás frente a una tentación inminente y conociendo tus fuerzas sabes que la cosa se viene difícil, entonces el mejor y más efectivo de los consejos que puedo darte es: ¡Huye por tu vida! por tu vida espiritual, por tu vida eterna, por tu vida cotidiana.
Y te lo voy a argumentar bíblicamente:

José, frente a una oferta sexual inminente pero incorrecta: "Mas él, dejando el manto entre sus manos, salió afuera y huyó" (Génesis 39, 12b).

La juventud nos juega malas pasadas: "Huye de los impulsos apasionados de la juventud y procura practicar la justicia, la fe, el amor, la paz con los que invocan al Señor con sincero corazón" (2 Timoteo 2, 22).

Huye, porque muerde:"Huye del pecado como de una serpiente, porque si te acercas te morderá" (Eclesiástico 21, 2a).





martes, 27 de septiembre de 2016

¡QUÉ MARAVILLOSAS SON TUS OBRAS! (Salmo 139)

Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.
Antes que la palabra esté en mi lengua,
tú, Señor, la conoces plenamente;
me rodeas por detrás y por delante
y tienes puesta tu mano sobre mí;
una ciencia tan admirable me sobrepasa:
es tan alta que no puedo alcanzarla.
¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?
¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subo al cielo, allí estás tú;
si me tiendo en el Abismo, estás presente.
Si tomara las alas de la aurora
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano
y me sostendría tu derecha.
Si dijera: "¡Que me cubran las tinieblas
y la luz sea como la noche a mi alrededor!",
las tinieblas no serían oscuras para ti
y la noche sería clara como el día.
Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras!
Tú conocías hasta el fondo de mi alma
y nada de mi ser se te ocultaba,
cuando yo era formado en lo secreto,
cuando era tejido en lo profundo de la tierra.
Tus ojos ya veían mis acciones,
todas ellas estaban en tu Libro;
mis días estaban escritos y señalados,
antes que uno solo de ellos existiera.
¡Qué difíciles son para mí tus designios!
¡Y qué inmenso, Dios mío, es el conjunto de ellos!
Si me pongo a contarlos, son más que la arena;
y si terminara de hacerlo,
aún entonces seguiría a tu lado.