viernes, 9 de junio de 2017

ES POSIBLE ESTAR LIBRE DE PECADO??

“Tenemos que aprender a ser intransigentes con el pecado, comenzando por los nuestros, e indulgentes con las personas” Papa Benedicto XVI
Aunque muchas veces no lo manifestemos, esta es una de las preguntas que internamente siempre nos hacemos: ¿Es posible estar libre de pecado? Desde nuestras perspectivas complacientes, todos desearíamos que el pecado no existiera, que no afectara nuestra vida, nuestras acciones, que pudiéramos actuar libremente y sin remordimiento de saber que no es lo correcto… Pero, pensándolo bien, ¿realmente seríamos felices? O simplemente “estaríamos” felices dentro de nuestra propia burbuja de la felicidad, porque está claro que no estaríamos actuando bajo la voluntad de Dios sino la nuestra, andaríamos por el mundo como ovejas rebeldes sin Pastor, sin guía; el mundo no sería uno, sino millones de mundos dentro un solo planeta tierra.
Somos imperfectos, porque el único perfecto es Dios; y a veces, de forma inconsciente y de manera inevitable, tendemos a caer en el pecado, lo que dificulta comprender el significado correcto del término “estar libres de pecado”. Para empezar, es importante saber que estar libres de pecado no quiere decir que nunca más volveremos a pecar, sino que nuestra alma puede estar libre del cautiverio en el que el pecado puede atraparnos y alejarnos parcial o totalmente de Dios.
Es importante recordar que el pecado no solo se cuela en algunas de nuestras acciones, sino también en nuestros pensamientos y actitudes, y, en un sentido más completo, en todo lo que carece de la Santidad de Dios. Jesús, a través de su muerte, liberó nuestro espíritu de las cadenas del pecado, no obstante, diariamente estamos expuestos al pecado de la carne. Esta es nuestra lucha, con este debemos acabar para encarrilar nuestra vida al sendero Santo del Señor.
Pero, ¿cuál es la forma correcta? La única forma de terminar con el pecado en la carne es siguiendo los mismos pasos de Jesús: Él es nuestro guía, nuestro precursor, Él abrió un camino a través de la carne para que le siguiéramos. En tiempos antiguos se creía que las pasiones y emociones se originaban en el cuerpo, por eso se utilizan las palabras espíritu y carne” para describir esta lucha, entre las fuerzas que nos impulsan al mal y nuestro espíritu que anhela que hagamos lo correcto. Esto no quiere decir que nuestros cuerpos físicos son malvados y la fuente del pecado, sino que estamos en la lucha constante con nosotros mismos.
“Tenemos que aprender a ser intransigentes con el pecado, comenzando por los nuestros, e indulgentes con las personas”, exhortaba el Papa Benedicto XVI.
“El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” (Jn 8, 1-11).
De seguro todos hemos leído o escuchado en algún momento este pasaje bíblico, el cual enmarca perfectamente en el contexto que estamos desarrollando. Es lamentable como muchas veces caemos en una zona de confort, donde el pecado ya es parte natural de nuestra vida, que nos otorga la potestad de acusar a otros sin siquiera tomar en cuenta nuestras propias faltas, nuestras acciones negativas, nuestros errores que están fuera de lo que Dios tiene en nuestro plan de vida. El que castiga, también comete faltas, pero quien debe recibir el castigo, tiene también la posibilidad de recibir el perdón.
Un cristiano auténtico es aquel que se deja iluminar por la gracia de Jesucristo, se reconoce pecador y necesitado de misericordia, además de ser consciente de que no le corresponde juzgar, castigar o condenar a su prójimo, más bien, vivir en plenitud del Amor y de la Misericordia Divina.
Nos enseña el Papa Benedicto XVI que “La misericordia de Dios es la expresión de su inmenso amor. No condena al pecador, a ningún hombre o ninguna mujer, sino que exige retomar constantemente el camino de la reconversión a Él usando como herramienta especialísima el Sacramento de la Reconciliación”.
Recordemos que nunca es demasiado tarde para comenzar de nuevo con Dios, nuestra alma puede estar libre de pecado, aunque nuestro cuerpo todavía peque. Sin embargo, estar libre de pecado en nuestra alma quiere decir que también debemos buscar la libertad en nuestro cuerpo, aunque no lo podamos lograr de manera permanente.
San Pablo escribió: “Cuanto más se multiplicó el pecado, más abundó la gracia; de modo que, si el pecado trajo el reinado de la muerte, también la gracia reinará y nos obtendrá, por medio de nuestro Señor Jesucristo, la salvación que lleva a la vida eterna” (Rom. 5, 20-21).
De este modo, cuando te encuentres ante una lucha interior, haz unos momentos de oración, pide al Espíritu Santo que te permita discernir con claridad entre el bien y el mal, y elegir activamente el bien. Recuerda que Dios siempre te dará su gracia para vencer el pecado y que, si fallas, es comprensivo y está dispuesto a perdonarte.
¡Ábrete a su perdón y renueva tu compromiso de serle siempre fiel!

HOY TE DIGO SEÑOR JESÚS.....


jueves, 8 de junio de 2017

ABRE TU BOCA Y LA LLENARE CON MI PALABRA. (Salmo 81)

Oigo una voz desconocida que dice:
"Abre tu boca y la llenaré con mi palabra.
Yo quité el peso de tus espaldas
y tus manos quedaron libres de la carga.
Clamaste en la aflicción, y te salvé;
te respondí oculto entre los truenos,
aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá.  
Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti,
¡ojalá me escucharas, Israel!
No tendrás ningún dios extraño,
no adorarás a ningún dios extranjero: 
 
yo, el Señor, soy tu Dios,
que te hice subir de la tierra de Egipto.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no me quiso obedecer:
por eso los entregué a su obstinación,
para que se dejaran llevar por sus caprichos.
¡Ojalá mi pueblo me escuchara,
e Israel siguiera mis caminos!
Yo sometería a sus adversarios en un instante,
y volvería mi mano contra sus opresores.
Los enemigos del Señor tendrían que adularlo,
y ese sería su destino para siempre;
yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo
y lo saciaría con miel silvestre".

miércoles, 7 de junio de 2017

QUE NO TE PAREZCA EXTRAÑO....

¿No te parece extraño cómo un billete de 20$ "parece" tan grande cuando lo llevas a la Iglesia, pero tan pequeño cuando lo llevas a las tiendas?
¿No te parece extraño cuán larga parece una hora cuando oímos hablar de Dios, pero cuán corta cuando un equipo juega al fútbol por "solo" 90 minutos?
¿No te parece extraño cuán larga parece una hora cuando estás en la Iglesia, pero qué corta es cuando estás divirtiéndote en algún lugar?
¿No te parece extraño que no puedes pensar en algo que decir cuando rezas, pero no tienes ninguna dificultad en pensar cosas de qué conversar con un amigo?
¿No te parece extraño cuánto nos emocionamos cuando un partido de fútbol llega a la prórroga y se extiende un tiempo extra, pero nos quejamos cuando el sermón es un poquito más largo que lo usual?
¿No te parece extraño lo difícil que es leer un capítulo de la Biblia, pero qué fácil es leer 100 tweets o 100 whatsapps al día?
¿No te parece extraño cómo las personas desean los asientos del frente en cualquier partido o concierto, pero hasta se esfuerzan para buscar los asientos de atrás en las iglesias?
¿No te parece extraño que necesitemos 2 o 3 semanas de aviso para incluir un evento de la Iglesia en nuestra agenda, pero podemos ajustar nuestra agenda para otros eventos en el último momento?
¿No te parece extraño lo difícil que es aprender una verdad simple del Evangelio para compartirla con otros, pero qué fácil es para las mismas personas entender y repetir un chisme?
¿No te parece extraño cómo creemos rápida y facilmente lo que dicen los periódicos y las redes sociales, pero cuestionamos lo que dice la Biblia?
¿No te parece extraño que todos quieran ir al cielo, siempre y cuando no tengan que creer, o pensar, o decir, o hacer alguna cosa que requiera esfuerzo?
¿No te parece extraño cómo podemos enviar miles de chistes por whatsapp y se esparcen como reguero de pólvora, pero cuando empezamos a enviar mensajes acerca de Dios, la gente lo piensa dos veces antes de compartirlos con otros?
Es extraño, ¿no te parece?...
No tengas miedo de hablar de Dios y dar gracias al Señor porque Él es bueno!


HOY TE DIGO SEÑOR JESÚS......


lunes, 5 de junio de 2017

QUE HACER EN EL MOMENTO DE LAS PRUEBAS

En algún momento de nuestro caminar espiritual nos llega la hora de la prueba, esa hora en la que la fe debe ser probada en el fuego, para ser purificada como el oro y llegar a ser mucho más valiosa que el mismo (cf. 1 P 1, 7). Es esa tan temida y dolorosa hora, en la que el alma se siente perdida, rechazada, no amada y empieza a desfallecer; muchos santos han pasado por esta prueba, su fe ha sido refinada en el horno de la desolación y el olvido, atrapada en el calor sofocante del “desierto espiritual”, abandonada en la soledad de la “noche oscura del alma”, como la llamaba San Juan de la Cruz.
“es un momento de la vida espiritual en el que la persona es purificada antes de la unión íntima y transformante con Cristo”. Tal vez estés pasando en estos momentos por una situación similar, en la que no sientes nada, en la que parece que Dios no existiera, en la que la fe no cobra sentido, ¡prepárate para la prueba!, si logras pasarla, verás el rostro de Dios.
A finales de la primera década del año 2000, estalló una gran polémica en la que la Madre Teresa y su fe fueron protagonistas y cuestionadas, por la publicación de unas cartas privadas de ella, dirigidas a sus consejeros espirituales, en las que describía detalladamente el sufrimiento que atravesó la mayor parte de su vida, e incluso hasta su muerte, por la vivencia de una dolorosa noche oscura del alma.
Madre Teresa pasaba por una prueba de fe, un “desierto espiritual”, no una carencia o adormecimiento en la fe, ni por un “Alzheimer espiritual”; es importante resaltar la diferencia entre ambas situaciones, pues aunque confundibles son totalmente opuestos: Un desierto espiritual es una experiencia de Dios, una prueba divina, que tiene un fin santificante, en el que la gracia divina asiste al alma para no dejarla corromper o caer en el pecado; en cambio, un adormecimiento en la fe, o “Alzheimer espiritual”, es una tentación en la que fácilmente cae la persona que deja de nutrir su relación con Dios, que poco a poco deja de buscarlo y se va alejando de Él, hasta el punto de olvidarse de Dios y volver a su vida en el pecado y el rechazo voluntario de la fe.
Debemos hacer un profundo discernimiento y examen de conciencia, para saber si en verdad estamos atravesando una noche oscura del alma o simplemente nos estamos durmiendo en la fe. Si te descubres en el medio de un verdadero y árido “desierto” del alma, en el testimonio de la Madre Teresa podemos encontrar el camino de vuelta al tiernísimo Corazón de Jesús del que nos sentimos desterrados: No dejemos de hacer lo que tenemos que hacer.
¿Y qué es esto que tenemos que hacer? ¡Amar! Es nuestro mandato: Amar como Cristo, amar sin medidas, esto es, amar más allá de nuestras emociones, de nuestras carencias y nuestros dolores, tener la determinación de amar. La Madre Teresa demostró que “el amor está en la voluntad, no en el sentimiento”, como decía su postulador.
Es menester que continuemos el camino que ya hemos empezado a recorrer; es necesario mantenernos firmes en medio de la prueba y fieles en medio de la duda. La Madre Teresa de Calcuta tuvo su época de mayor trabajo entre los pobres por la extensión del Reino de Dios en medio del sufrimiento de su prueba de fe. Aunque no sentía nada, aunque aseguraba haber perdido la fe, aunque el dolor era tan grande al sentirse abandonada por Jesús que llegó a exclamar: “Señor, Dios mío, ¿quién soy yo para que tú me abandones? La niña de tu amor y ahora convertida en la más odiada, la que tú has desechado como despreciada, no amada”… Ella continúo la obra que había empezado, porque seguía convencida de que era obra del mismo Dios, no suya.
Y aún, en medio de tanta aflicción y de llegar incluso a dudar de la existencia de Dios, ella continuaba orando por horas frente al Sagrario, como extasiada, según el testimonio de personas que la vieron así. Ella no dejó nunca de buscar la presencia de Dios, porque el dolor que la atormentaba era mayor a causa de su anhelo insaciable de Dios, más que por el mismo vacío que sentía
.
En su experiencia tan dura y a la vez tan tierna y conmovedora, podemos encontrar 3 vías infalibles para avanzar en medio del desierto y llegar de vuelta a los brazos amorosos del Padre:
 1.  LA ORACIÓN FERVOROSA Y CONSTANTE:
Madre Teresa sentía un dolor tan incomprensible, incluso para ella, que no podía expresarlo ni siquiera a las personas en quienes más confiaba; sin embargo, cuando oraba las palabras le fluían con naturalidad, pues su sufrimiento era comprendido sólo por su Jesús. En la oración encontraba la fuerza de la gracia divina, que la hacía amar Su Voluntad y vivir una alegría que no sentía.
Oraba ella de manera tan humilde y sincera, que oraba incluso cuando aseguraba no rezar; cada palabra era movida por su inmenso amor y entrega a Dios aun cuando se sentía no amada por Él. Así oraba en una carta a su director espiritual: «Quiero a Dios con todas las fuerzas de mi alma y, sin embargo, allí entre nosotros, hay una terrible separación. Ya no rezo más, pronuncio las palabras de las oraciones comunitarias y hago todo lo posible por sacar de cada palabra la dulzura que tiene que dar. Pero mi oración de unión ya no está ahí. Ya no rezo. Mi alma no es una Contigo y sin embargo cuando estoy sola en las calles, te hablo durante horas de mi anhelo por Ti. Qué íntimas son aquellas palabras y sin embargo tan vacías, porque me dejan lejos de Ti.»
 2. EL TRABAJO APOSTÓLICO INCANSABLE:
Decía la Beata Teresa de Calcuta en su oración: «Hago todo lo que puedo. Me desvivo, pero estoy más que convencida de que la obra no es mía. No dudo que fuiste Tú quien me llamó, con muchísimo amor y fuerza. Fuiste Tú, lo sé. Es por esto que la obra es Tuya y eres Tú incluso ahora, pero no tengo fe, no creo. (…) De corazón y con toda el alma, trabajaré para las Hermanas porque son Tuyas. Todas y cada una son Tuyas».
Así bien, no dejes de hacer lo que tienes que hacer, Dios te ha escogido para hacer por medio de ti Su obra, es Él el que la mantiene y es por medio de ti. Sigue trabajando con la certeza de que la obra es de Dios, aférrate al pensamiento de que, aunque no parezca, Dios debe ser verdad, pues una obra tan maravillosa y una experiencia tan incomprensible sólo puede venir de un autor divino.
 3 .BUSCA LA AYUDA DE UN SACERDOTE:
La Madre Teresa escribió al padre Picachy, su consejero espiritual: «Rece por mí, Padre, dentro de mí hay muchísimo sufrimiento. Rece por mí para que no niegue nada a Dios en esta hora. No quiero hacerlo, pero temo que lo pueda hacer.» En esos momentos tan difíciles en los que se prueba la fe, siempre es necesario el apoyo, consejos y oración de un sacerdote amigo que actúa en nombre de Cristo por el bien de tu alma.
Finalmente, no te olvides de que Dios tiene un propósito de salvación para ti y para muchas almas por medio de esta prueba. Transita este desierto abandonándote a Dios, aun cuando lo sintieras tan lejos e incierto, Su gracia llevará esta obra a buen término.
«Si mi separación de Ti lleva a otros a Ti y en su amor y su compañía encuentras alegría y placer, entonces Jesús, estoy dispuesta con todo mi corazón a sufrir lo que sufro no sólo ahora, sino por toda la eternidad, si esto fuera posible. Tu felicidad es lo único que quiero. Por lo demás por favor no Te molestes incluso si me ves desmayar de dolor. Es mi voluntad, quiero saciar Tu Sed con cada gota de sangre que Tú puedas encontrar en mí. No me permitas que Te haga daño de ninguna manera, quítame el poder de herirte. (…) Te suplico sólo una cosa: por favor no te preocupes por volver pronto. Estoy dispuesta a esperarte toda la eternidad. Tu pequeña.» (Beata Teresa de Calcuta)